miércoles, 6 de octubre de 2010

Ni la muerte nos separa

Cada vez que navego por Facebook me sonríe, desde la sugerencia: “Personas que quizás conozcas”, una chica que murió repentinamente hace unos meses.
Según los datos que se manejan de esta gigantesca red social con más de 500 millones de usuarios, en la actualidad hay más de 16 millones de muertos que tienen su perfil online, y este no puede ser borrado sin tener la contraseña que los usuarios utilizaron para crearlos.

Facebook permite congelar la cuenta de un familiar o amigo muerto, después de llenar unos engorrosos formularios probando que teníamos algún lazo con la persona y esta efectivamente falleció. La cuenta entonces queda en una suerte de limbo, ya no aparece en las búsquedas y solamente los amigos pueden ver el perfil y dejar mensajes en el muro.

Parece ser que sólo los familiares directos pueden pedir que la cuenta sea definitivamente desactivada y no creo que esto sea un trámite fácil, ya que esta popular red social no tiene muchos requisitos a la hora de crear una cuenta, pero nos hace prácticamente imposible borrarla. La idea es que una que vez dejemos este mundo sigamos ahí, colgados en el ciberespacio en una especie de conmemoración de nuestro exhibicionismo virtual.

Debo decir que no estoy del todo convencida con la idea que trata de promover Facebook, de mantener los perfiles de los muertos en línea, convirtiéndolos en mausoleos virtuales, donde los deudos puedan hacer catarsis.

¿No sería más fácil que después de un tiempo prudencial en el cual la cuenta no registra movimiento, esta se desactivara automáticamente? Hay algo de omnipotencia en pretender controlar las cuentas de los que ya dejaron este mundo, en condenarlos a seguir allí, a la vista de todos, indefensos, congelados en esa última foto que eligieron para el perfil, sin saber que forzosamente serian recordados de tal o cual manera.

Sin ánimo de ser macabra, tiene otro peso elegir la foto del perfil, si pensamos que esta es la imagen por la cual seremos recordados, ¿no es cierto?

El día que me muera por favor bájenme de Facebook. Sé que estoy dejando una misión prácticamente imposible a los familiares y amigos que me sobrevivan, es por eso que con mi testamento voy a dejar la contraseña para que mi ego y yo podamos finalmente descansar en paz.

martes, 14 de septiembre de 2010

Colita de ratón


Las asociaciones, agrupaciones, alianzas, confederaciones o ligas están formadas por individuos con un fin común, para beneficiar, supuestamente, a los miembros que la integran.

Los uruguayos somos dignos descendientes de la madre patria. La vieja España nos ha dado además del gusto por el chorizo, un individualismo rabioso que atenta contra cualquier tipo de asociación, que implique la suma de nuestras preciadas singularidades para beneficiar, supuestamente, al bien común.

Buscando referencias para este articulo, me encontré con el blog del publicista español Luis Bassat, donde decía lo siguiente: “Se dice que los españoles preferimos ser cabeza de ratón que cola de león. Y muchos empresarios se enorgullecen de ello. Pero así nos va. Tenemos miles y miles de pequeños empresarios propietarios, pero muy pocos reyes de la selva.” ¿No les suena conocido esto?

La superabundancia de cabezas de ratón, hace que muchas de nuestras asociaciones adolezcan de falta de liderazgo, apatía de sus miembros, descreimiento en la misión de la institución, frustración de sus directivos, lo que termina resultando en el inevitable debilitamiento de la entidad.

La figura más perniciosa para todo tipo de asociaciones es la del “figuretis maximus.” Estos individuos, una vez infiltrados empiezan, como gigantescas sanguijuelas, a nutrirse de la savia vital de la institución. Con su protagonismo despiadado, logran monopolizar la energía que debería fluir hacia todos los miembros de la agrupación, logrando atrofiarla hasta que tras una larga y dolorosa agonía, esta termina marchitándose y extinguiéndose

En Punta del Este pululan unos cuantos de estos ejemplares; los vemos en cuanto congreso, fiesta, recepción, desfile o feria hay, gravitando hacia los fotógrafos con la esperanza de que alguien alimente su perniciosa egolatría, documentando y difundiendo su presencia en tal o cual evento. Los políticos, los inmobiliarios y los autoproclamados relacionistas públicos son propensos a contraer una dolencia que describo a continuación.

El “individualismus cronicus” una vez contraído, se propaga por el cuerpo de la víctima, inflamando el ego hasta que este explota en pequeños pedazos. El primer síntoma de esta enfermedad es la incapacidad para cooperar con sus semejantes, seguido de delirios de grandeza “Todo esto lo logre yo solo” dicen, olvidándose que en la mayoría de los casos, simplemente están siguiendo el camino abierto por miles de sus pares que allanaron el terreno, para que hoy puedan proclamar su supuesta victoria.

“Vivimos en una época de tal individualismo que ya no de habla nunca de discípulos; se habla de ladrones” dijo el polifacético artista francés, Jean Cocteau. Todo el mundo quiere ser el que tuvo la idea, el único en beneficiarse; si la idea es buena pero viene de otro, necesariamente hay que cuestionarla.

El espíritu de equipo nace de la conjunción de varios objetivos principales: sinergia e intereses comunes, objetivos claros y realizables, medios para obtener esos objetivos. Si alguno de estos elementos falla el espíritu se desinfla, el ánimo decae y se produce un desbande mayúsculo, que hace cada vez más difícil la tarea de convencer a los escaldados participantes del experimento, de las bondades del trabajo en equipo.

El ejemplo de lo que se puede lograr cuando se trabaja bien en conjunto, que nos dio la selección uruguaya en el Mundial de Sudáfrica, debería inspirarnos para, aunque sea por un momento, hagamos a un lado nuestro afán de protagonismo y trabajemos en pos de la unidad.

No es lo mismo cuando varias voces unidas gritan lo mismo, que aislados grititos histéricos, lo primero se escucha y se respeta, lo segundo irrita.

Pero que nadie se confunda ni me interpreta mal; considero que siempre hacen falta líderes -¿qué hubiera sido de la selección celeste sin Forlán, Lugano y Tabárez?- pero líderes genuinos, generosos, seguros de sí mismos, que trabajen por la victoria del equipo. Imaginen que hubiera pasado si Forlán no pasara nunca la pelota.

Venzamos nuestra natural reticencia a la colaboración, no inventemos más pretextos. Muchas asociaciones no funcionan porque sus miembros no se comprometen, creyendo que esta no tiene nada que ofrecerles, y a su vez esta tiene muy poco que brindar si está integrada por la suma de individuos apáticos, que no están dispuestos a volcar un poco de su tiempo, energía, creatividad, -y a veces ni siquiera pagar su cuota-.

Pobrecitas las asociaciones, con tantos miembros pero tan solas y desamparadas; los ególatras las usan para darse ínfulas, las pisotean, las aplastan mientras sus miembros, indiferentes, las miran de reojo y se preguntan “¿Para esto me hice socio?”

martes, 7 de septiembre de 2010

Muerte e impuestos

“En este mundo nada es seguro, excepto la muerte y los impuestos”, esta es una frase usada por diferentes autores- entre ellos Daniel Defoe creador de la novela Robinson Crusoe-, y el político, científico e inventor estadounidense, Benjamín Franklin. Este último utiliza esta oración en una carta escrita en 1789 a Jean-Baptiste Leroy, un físico y escritor francés, con quien solía mantener correspondencia.

Pasaron más de doscientos años, y este enunciado parece estar más vigente que nunca. La guadaña y los impuestos siempre están presentes en nuestra vida; la primera recordándonos la finitud de nuestra existencia, y los segundos acechándonos desde varios frentes. Algunos de ellos los conocemos por siglas que suenan a nombre propio: IVA, IRPF, IRAE, ITP, IP, IMESI, IRNR, IMEBA. Por medio de estos muchachos, principalmente el omnipresente amigo IVA- responsable por el 54% de la recaudación en el 2009, según el Ministerio de Economía y Finanzas- el Estado se hace de nuestra platita para solventarse y usar el resto en intentar satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

El 1 de septiembre pasado se presentó la ley Presupuestal al Parlamento. El proyecto, que si es aprobado empezará a regir el 1 de enero de 2011, prevé un aumento del gasto público global del 18% en términos reales, hasta 2014.

Un presupuesto que prevé gastar casi un quinto más que el anterior, es un presupuesto envalentonado, expansivo en el gasto, que despierta cierta intranquilidad entre los ya estrujados contribuyentes.

La ley Presupuestal incluye en uno de sus artículos una previsión para frenar el gasto, si las optimistas previsiones de crecimiento no se materializan. De todas maneras es difícil pensar como se podría recortar el gasto en ciertas áreas que se privilegian en el nuevo presupuesto como ser: seguridad, cárceles, INAU, educación, vivienda y salud. La poda tendrá que venir por otro lado, -¿o habrá que recaudar más para mantener la maquinaria en funcionamiento, si el crecimiento es por debajo del pronosticado?-

En Maldonado, una de las maneras previstas para recaudar más dinero para las arcas departamentales, es el polémico reaforo catastral que planean realizar al Este del arroyo Maldonado. El anuncio de esta medida creó una pequeña y pasajera conmoción, colándose en la tapa del diario argentino La Nación, agitando a los propietarios argentinos, ya escaldados por las presiones tributarias de su propio país.

A nivel nacional se prevé subir el sueldo de los ministros un 31.5% y agregar 63 cargos públicos de confianza a los ya 132 existentes, eso se traduce en más sueldos, más superposición de funciones, más burocracia. Dudo que se supriman estos cargos una vez adjudicados, si los pronósticos económicos terminan siendo menos halagüeños que lo pensado.

Decía el editor y empresario estadounidense Steve Forbes, nieto del creador de la famosa revista especializada en negocios y finanzas, que lleva su apellido: “Los políticos dicen ‘no podemos darnos el lujo bajar los impuestos’. De repente lo que no podemos es darnos el lujo de mantener a los políticos.”

Ojalá que las favorables predicciones económicas para el próximo quinquenio se hagan realidad, y el incremento del gasto público propuesto se traduzca en calles más seguras, ciudades y pueblos más limpios, menos gente viviendo en asentamientos, cárceles más humanas, mejor educación y salud, en fin, la lista puede seguir ad infinitum.

“Jugátela acá que no te van a expropiar ni te van a doblar el lomo con impuestos” dijo nuestro presidente, el 11 de febrero de este año a un grupo de 400 empresarios, mayormente argentinos, en un almuerzo de negocios que tuvo lugar en el Hotel Conrad.

Esperemos que nuestro presidente pueda mantener la promesa que hizo ese día, y ese 18% más de gasto previsto para los próximos cinco años, provenga de los optimistas vaticinios para nuestra economía y no de los bolsillos de los contribuyentes.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Elogio de la previsibilidad

A los uruguayos se nos acusa de ser grises, chatos, provincianos, aburridos, previsibles.

Después de pasar unos días en Buenos Aires y disfrutar no sólo de las luces de la gran ciudad, sino del culebrón que proveen los diarios y la televisión con los vaivenes de la clase política y la farándula argentina, quiero quebrar una lanza por la previsibilidad, una de las características que se nos atribuye.

El motivo que me llevó a la capital porteña fue Expo Real Estate, Segundo Congreso de Desarrollo e Inversiones Inmobiliarias que tuvo lugar el 19 y 20 de agosto en el Hotel Hilton de Puerto Madero. Allí se dieron cita los más importantes desarrollistas de la Argentina, así como varios empresarios y otras personalidades del rubro inmobiliario de nuestro país. El encuentro también conto con la presencia de algunos funcionarios de nuestro gobierno, como el Ministro de Turismo, Héctor Lescano y el Intendente de Maldonado, Oscar de los Santos.

En el congreso pudimos ver los distintos y en muchos casos faraónicos proyectos que se están haciendo en diferentes partes de la Argentina. Aprendimos acerca de nuevas formas de financiar los emprendimientos -todavía no demasiado conocidas en nuestro país-, como ser: el fideicomiso al costo, los condo hoteles, y otras figuritas que prontamente se intentarán replicar en este lado del charco, -de hecho, que yo sepa- ya hay algunos edificios financiados de esta manera, tanto en Maldonado como en Colonia.

Punta del Este es el retoño de una pareja despareja. Su madre, la Republica Oriental del Uruguay, es chapada a la antigua, conservadora, tradicional, reservada y a veces un poco miedosa. Argentina, su padre, es arriesgado, aventurero, despilfarrador, visionario, grandilocuente, fanfarrón e inestable. La cordura y muchas veces el sentido común de la madre, frena los excesivos ímpetus heredados de su progenitor, las ansias de aventura y sueños de grandeza del padre, acicatean el espíritu materno, por momentos un poco remolón y excesivamente cauteloso.

Y así va Punta del Este por la vida, tironeado por dos fuerzas que terminan por balancearse y cuando una de las dos personalidades amenaza con obliterar la otra, la que está bajo amenaza vuelve a surgir con más fuerza y reclama su lugar.

No en vano los argentinos se sienten como en casa en nuestra ciudad- de hecho no es sólo el lugar de sus vacaciones, sino también el hogar de muchos de ellos- mientras los uruguayos disfrutamos del aire cosmopolita que se respira en Punta del Este y las numerosas contribuciones -de todo tipo- que los argentinos han realizado en nuestro balneario.

En el congreso asistí a una conferencia llamada “Una mirada estructural de nuestra economía” dictada por el ex Ministro de Economía argentino, Martin Lousteau. En esta presentación se habló de la volatilidad de la economía del vecino país. Se presentaron gráficas que parecían el croquis para una montaña rusa, dónde se ilustraban los dramáticos vaivenes económicos de la Argentina en los últimos cincuenta años. Estos sacudones repercutieron en nuestro país, con menor intensidad, ya que todo lo nuestro es menos catastrófico, no tan rimbombante, es más chiquito, más modesto.

Por algo Punta del Este floreció en Uruguay y no en Argentina; los genes maternos lo hacen más previsible, más estable, estas son las características que los argentinos y otros extranjeros valoran a la hora de decidir dónde invertir su dinero.

Cuando iba en un taxi camino al aeropuerto para tomarme el vuelo de vuelta a Uruguay, el taxista me decía con admiración y un poco de envidia en la voz “Están bien en Uruguay, ¿no es cierto? El de ustedes es un país serio.” “Claro que si” le contesté con mucha convicción, ya que parece que cada vez que uno sale del país, se convierte en un embajador ambulante y no sólo se representa a si mismo sino que a toda una nación.

A su vez ese taxista expresó la creencia de mucha gente; aunque generalmente no somos el alma de la fiesta, ya que con nuestro tamaño, modalidad y exacerbado sentido del ridículo no nos lo permitimos, cada vez nos invitan más a bailar ya que proyectamos la imagen de país serio, confiable, del cual no se esperan grandes sorpresas, ni traicioneros pisotones.

lunes, 23 de agosto de 2010

Ni la cárcel, ni la cancha de Peñarol


El miércoles pasado, decidí sacudirme la modorra invernal y asistir a una reunión en la Unión de Comerciantes Minoristas de Maldonado, en la cual el Ministro del Interior, el señor Eduardo Bonomi, tenía la ingrata tarea de convencer a los comerciantes y otras personalidades del departamento, de lo innecesario que había sido el revuelo que ha levantado la inminente ampliación de la cárcel Las Rosas.
Dos cosas me quedaron en claro de esta reunión: la primera es que la ampliación de Las Rosas es un hecho consumado, y la segunda, que la gente de Maldonado no quiere saber nada al respecto.

La resolución de construir, donde hoy se encuentra Las Rosas, dos nuevos edificios carcelarios con capacidad para 500 prisioneros, para así recibir presos de otros departamentos no ha sido bien recibida por la población fernandina. Mucha gente -en la cual me incluyo- se siente burlada, ya que nos enteramos de la intención de instalar una cárcel regional en nuestro departamento, cuando la construcción ya está en marcha y está todo el pescado vendido.

Existe un problema: la falta de lugar en las cárceles existentes y se está buscando la solución más rápida, más económica, más fácil, más lógica desde un punto de vista: el cortoplacista y más beneficioso para el gobierno central, no así para nuestro departamento. “Tenemos que usar lo que tenemos” dice el Ministro Bonomi, con ánimo pragmático.

Los comerciantes del departamento, justificadamente preocupados, pidieron un estudio que midiera el impacto que tendría la ya encaminada ampliación de Las Rosas. La verdad es que tener este estudio sería bueno, pero basta el sentido común para darse cuenta que lo propuesto es una pésima idea.

Evidentemente lo que hay tiene que ser mejorado, nadie pone esto en duda. El tema es que no se tiene en cuenta la naturaleza del departamento y al decir la naturaleza no me refiero a los árboles y a las vaquitas, sino a que este un departamento netamente turístico, en el que la mayoría de la población -que llega de todos los rincones del país-, vive de prestar servicios a esta industria. No podemos darnos el lujo de hacer nada que tenga el potencial de perjudicarla.

Lamentablemente a veces parece que de Maldonado se acuerdan solamente cuando llega el verano y nos mandan los muchachos de la Dirección General Impositiva a hacer la temporada.

El ministro Bonomi expresó, en más de una oportunidad, su preocupación por el impacto que puede tener en el turismo el manejo de la información acerca de la ampliación de Las Rosas, dando a entender que se le estaba dando demasiada difusión.

Le guste al señor Ministro o no, Maldonado tiene mayor visibilidad que otros departamentos, lo que aquí pase va a tener más repercusión nacional e internacional que lo que ocurra en otras partes del país. No en vano numerosos extranjeros eligen visitar, invertir su dinero y muchos inclusive radicarse en nuestro departamento. No debería extrañar a nadie que despierte más interés lo que acontece en Maldonado que lo que pasa en Soriano.

Justamente el día de ayer salió en la portada del diario La Nación una nota acerca del próximo aumento de la contribución inmobiliaria en el Este de Maldonado, dudo que el reaforo catastral en cualquier otro de nuestros dieciocho departamentos sea material para una nota de tapa en uno de los diarios más importante de Argentina.

Los ediles frenteamplistas, demostrando su alianza con el gobierno central, consideran que el tema ha sido debatido suficientemente y votaron para dar el asunto por terminado. La oposición, y me atrevo a decir que un gran número de los contribuyentes de Maldonado, consideramos que todavía hay demasiados cabos sueltos, -como los va a haber presos en un futuro cercano- y nos gustaría que se considerara reubicar la cárcel de Las Rosas. Trasladarla a un lugar más remoto, más lejos de la ciudad que viene avanzando a un acelerado ritmo los últimos años.

“Hay tres cosas que nadie quiere tener cerca: la cárcel, la basura y la cancha de Peñarol” dijo el Ministro para dar por terminada la reunión y poner un toque de humor, a lo que hasta el momento había sido un encuentro bastante tenso. La reunión se disolvió pacíficamente, pero quedó la sensación de que faltaron temas por tratar y los argumentos que se presentaron nos llegaron a convencer a los allí presentes.

Los gobiernos y los funcionarios cambian, algunos problemas quedan para que los solucione la próxima administración. Esperemos que en el caso de Las Rosas no se opte por una solución provisional que termine trayendo más espinas para Maldonado, y graves problemas en el futuro.

jueves, 12 de agosto de 2010

Capricho y yo


Capricho es grandote, gris y cabezón; tan peludo por fuera, que se diría que es un animal de peluche. Sólo sus ojos marrones y expresivos lo delatan. Lo dejo suelto y se queda ahí parado, esperando su terrón de azúcar. Lo llamo dulcemente: ¿Capricho?, y me mira de reojo a una distancia prudente, antes de acercarse, para comprobar si efectivamente tengo la codiciada golosina.

Capricho está saliendo de la adolescencia, a sus escasos cuatro años está mostrando signos de una nueva adquirida madurez. A pesar de ser mucho más grande y fuerte que yo, me obedece, no siempre gustosamente, pero hace lo que le pido, creo que la mayoría de las veces debe pensar que mis órdenes carecen de sentido.

La vida de Capricho y sus amigos transcurre en un campo con vista al mar; como ocupaciones tiene comer la mayor cantidad de pasto posible, evacuar copiosamente ese pasto una vez digerido, un poco de ejercicio -siempre y cuando no llueva- y esperar los terrones de azúcar que le llevo en mis visitas. El azúcar es generalmente un premio por su buen comportamiento, -creo que él no lo ve como una recompensa, sino como su legítimo derecho-.

Capricho no puede volar como Pegaso, ni alberga un ejército en su vientre como el Caballo de Troya. A pesar de que en sus venas corre sangre de sus antepasados guerreros, no creo que tenga que demostrar su valor en combate, como lo hicieron Bucéfalo o Babieca. Tampoco es el caballo de un cacique Tehuelche como Pampero, o de un caballero andante como Rocinante, pero a medida que pasa el tiempo voy descubriendo rasgos de su carácter que lo hacen un digno descendiente de estos corceles famosos.

A Capricho no le gustan las motocicletas en general, no importa la marca, modelo o color, aunque las “MADE IN CHINA” le gustan todavía menos. No sé si piensa que le hacen competencia, pero el hecho es que las detesta. Tanto es así que hace poco arremetió contra la “Winner” del capataz del campo. Quienes vieron el acto de vandalismo dicen que simplemente tomó carrera y le dio un topetazo que la hizo volar por los aires, después siguió pastando como si tal cosa.

Capricho es uno de los treinta y tantos caballos Lusitanos que hay en Uruguay. Esta raza tiene el mismo origen del caballo Andaluz, en realidad eran una misma raza hasta los años sesenta, en que decidieron separarlas. El Lusitano es el caballo preferido en las corridas de toros, se destaca por su inteligencia, bravura y nobleza. La estirpe de Capricho llegó a América con los conquistadores, su sangre corre en las venas de la mayoría de nuestros resistentes y leales caballos Criollos.

A pesar de provenir de un rancio abolengo, Capricho no se la cree; vive su despreocupada juventud sin tomar consciencia de que es el sucesor de las cabalgaduras de nuestros próceres. Muchos de los generales y coroneles adornados por las palomas en nuestras plazas, montan los antepasados de este joven cuadrúpedo.

Mi relación con Capricho es relativamente reciente, hace apenas unos seis meses que nuestras vidas se cruzaron. En ese tiempo hemos aprendido a conocernos y compartimos aburridas vueltas en círculo en un picadero, amenizado por divertidos paseos a la playa o a campos cercanos, dónde tanto él como yo, estamos en un constante estado de fascinación ante el descubrimiento de un nuevo mundo.

Él porque es un joven impresionable recién llegado de Tacuarembó, y el universo está lleno de atracciones y distracciones, y yo porque el mundo se ve muy distinto desde el lomo de un caballo. Uno no sólo tiene la ilusión de ser más alto, más rápido, más fuerte, sino que se siente agradecido de que un animal tan bello y poderoso nos deje imponerle nuestra voluntad,-bueno sólo por un ratito, siempre y cuando al final haya un terrón de azúcar como recompensa-.

lunes, 9 de agosto de 2010

Mi viejo Punta del Este

¿Será porque estamos entrando en el mes de la nostalgia, con su apoteosis la noche del 24 y sus numerosas fiestas? ¿O simplemente porque soy canceriana y una de las características de este signo es el apego al pasado?

Por estas razones y otras que no vale la pena enumerar, la otra noche me puse a recordar cuales son las cosas que extraño del viejo Punta del Este.

Obviamente que todo es un tema generacional: mi viejo Punta del Este no es el mismo que el de mi padre, la lista de los lugares que él extraña es mucho más larga que la mía, pero estoy segura que cuando lea esto, vamos a coincidir en algunas cosas.

Los lugares que echo de menos existieron mayormente en la década de los setenta (mi infancia), y los ochenta (mi adolescencia). Aunque pasé gran parte de este tiempo también en Montevideo, parece que los recuerdos más vívidos, los que lograron sobrevivir a la montaña de imágenes, olores y sonidos que fueron acumulándose en mi mente en los años siguientes, fueron los relacionados con Punta del Este y los momentos que aquí pasé.

De los primeros recuerdos está “Catarí” en la avenida Gorlero, con su dueña Doña María y su lasaña verde de hongos. Una vez por semana solíamos ir mi madre y yo a comer esta delicatessen, e invariablemente se repetía el mismo ritual: Mi madre pedía la cuenta y ahí aparecía Doña María y decía con su acento italiano “Ah, no, a mujere sola no le pueddo cobrar.” No sé cuantas veces habremos comido “sañas” gratis (por muchos años pensé que se llamaban “las sañas”. Si son “los ravioles” ¿por qué no pueden ser “las sañas?).

De esa época, no puedo dejar de mencionar la Heladería Gorlero y Johny, el lustrabotas bailarín que trataba de emular al personaje Tony Manero de “Saturday Night Fever”, protagonizada por un jovencísimo John Travolta. Había que ver la cantidad de gente que se juntaba para ver “al Chony” bailando en la vereda al son de la música Disco.

La playita del puerto y su muelle, dónde muchos aprendieron a nadar con el Profesor Paredes, el cine Fragata y sus matinés interminables -de las cuales salíamos con los ojos en compota después de ver tres películas seguidas-, la playa El Emir con dunas, el Hotel Playa, el Jagüel, su pista de patinaje y sus caballos de alquiler -cuando todavía no se había convertido, en la “zona roja” de Punta del Este-.

En fin, podría seguir enumerando lugares y personajes y al volver a leer esto, me daría cuenta que me estoy olvidando de algo ya que a medida que uno empieza a recordar, es como si abriera una canilla que empieza a gotear tímidamente: lugar a lugar, vivencia a vivencia, pero a medida que permanece abierta, los fantasmas del pasado ven una manera de volver y parecen decir: “No te olvides de mi” y así la lista crece y crece.

Ya de mi adolescencia no puedo dejar de mencionar La Fragata con sus desayunos trasnochados, después de haber ido a bailar a algún boliche. De La Fragata siempre me llamó la atención sus mozos, verdaderas instituciones que lo deben haber visto todo, ya que era impresionante la cantidad de gente que por allí pasaba. En cuanto a boliches se refiere, me acuerdo de Ezequiel en el Cantregil Country Club, New Faces, al lado del cine Lido, L’Ete en Punta Ballena y por supuesto Space y sus fiestas temáticas de los miércoles.

Seguro que algunos de los que están leyendo esto, se preguntarán: ¿Pero cómo puede olvidarse de tal o cual cosa? Como decía al empezar este articulo, esto no es solamente un tema generacional, sino que también es, obviamente personal, mi viejo Punta del Este seguramente no es el mismo que el de ustedes, pero todos los que tenemos más de veinticinco ya tenemos uno.

Por suerte todavía permanecen unos cuantos lugares que han sobrevivido al crecimiento y la “Conradizacion” de Punta del Este: “El Floreal”, el Muelle de Mailhos, “L’Auberge”, “San Jorge”, la Playa de los Ingleses, “La Posta del Cangrejo”, Las Mesitas, “Dante” (de una Aguja a un Elefante), el Hotel Palace, en fin, algún otro habrá que no se me ocurre en este momento.

Aunque reconozco que es imposible que todo permanezca igual y que los cambios que la ciudad sufre son inevitables, me reconforta saber que sobrevivieron estos y otros lugares de mi viejo Punta del Este. En definitiva, son parte de la identidad del balneario y también de la mía.

Es justo decir, y lo hago con orgullo, que el nuevo Punta del Este también tiene sus atractivos, de a poco se va convirtiendo en una verdadera ciudad -con todo lo bueno y lo malo que esto implica-, los meses muertos ya no están tan muertos: hay colegios, universidades, cada vez más restaurantes y comercios abiertos y -¡oh milagro!- cine todos los días, con no una pero varias películas para elegir. Todo el que haya vivido la desilusión de que suspendieran la película que uno había estado esperando toda la semana por falta de público, como solía suceder a menudo durante el invierno, sabrá a lo que me refiero.

Y así como podemos ver buenas películas durante la semana, los nuevos tiempos nos han traído no solo más semáforos y decenas de rotondas, sino también nuevas opciones de consumo, nuevas fuentes de trabajos, nuevos motivos de permanencia.

En el fondo hay una parte de mi persona a la que le gustaría que todo siguiera como en los años de la infancia; que aquella idílica foto de ayer no hubiera sufrido modificaciones de ninguna índole. Pero la realidad es que uno crece, y junto con uno las sociedades avanzan.

Recuerdo con sincera nostalgia mi viejo Punta del Este, mientras disfruto de las comodidades y de los nuevos aportes que nos vienen trayendo el progreso y la confianza de los que año tras año se van sumando a nuestra comunidad por encontrar aquí vientos propicios y una paz y una cordialidad que a toda costa debemos conservar.