miércoles, 16 de noviembre de 2011

El incierto futuro del Muelle de Mailhos

De cabeza, bomba, planchazo o bajando despacito por las escaleras de hormigón, parando en cada escalón mientras que poco a poco uno se va acostumbrando a la temperatura del agua, primero los pies, después hasta la rodilla, luego hasta la cintura, y desde allí : ¡Al agua!
¿Quién alguna vez no se ha tirado al agua desde el muelle de Mailhos? ¿Quién no nadó en estas aguas? ¿Quién no hizo la plancha, mientras miraba el siempre cambiante cielo de Punta del Este? ¿Quién no se sentó en la punta del muelle para ver algún atardecer?
Esta playita, una de las pocas que quedan en la península- junto con Las Mesitas, El Emir y la Playa de los Ingleses- es parte intrínseca de todos los puntaesteños. Si hacemos el esfuerzo, la mayoría de nosotros puede rescatar algún recuerdo que tiene este muelle como escenario.
A raíz de la construcción de la polémica ermita para la Virgen de la Candelaria en El Emir, unos cuantos vecinos, “Los indignados de Punta del Este”, como los llamo yo, un poco un broma, otro poco en serio, nos acercamos para apoyar a la Comisión de Patrimonio de Punta del Este en su quijotesca tarea de tratar influir en las decisiones municipales.
Fue en una de estas reuniones que me enteré que este verano la playita de Mailhos no va a estar habilitada para baños, según informó la Prefectura al Municipio de Punta del Este. Según lo que ha trascendido en breve veremos cartelería informando de esta decisión a los esperanzados bañistas de todos los extractos sociales que utilizan esta playa- ya que la disfrutan tanto los dueños de los departamentos vecinos, que pagan generosas contribuciones inmobiliarias por esta privilegiada ubicación-, como los numerosos empleados de negocios, restaurantes y edificios que durante la agitada temporada se pueden hacer de un momento para refrescarse con un baño de mar. La medida es tan democrática como antipática, a todos ellos, mejor dicho- a todos nosotros- nos van a estar prohibidos los refrescantes chapuzones desde el muelle de Mailhos.
“¿Por qué?” fue lo primero que atiné a preguntar. ”Porque el muelle está en muy mal estado, necesita ser restaurado y no hay presupuesto para hacerlo, este año es prioridad restaurar el muelle de la Isla Gorriti” fue lo que me dijeron. “Pero Mailhos está en pleno corazón de la península y lo usa muchísima gente” pensé. Quizás se está planeando algún importante desembarco en Gorriti que ignoro, pero tampoco me sorprende ya que los ciudadanos comunes y corrientes parecemos ignorar demasiadas cosas.
Matías Bartolozzi, el guardavidas de Mailhos, durante la temporada pasada, asistió a la reunión de la Comisión de Patrimonio y vecinos de Punta del Este, celebrada el 14 de noviembre en la Liga de Fomento, donde se trataba este entre otros temas. Allí expresó su preocupación, ya que el verano pasado tuvo que asistir a varias personas que se lastimaron en el muelle, e inclusive mandó cartas a la Comisión Técnica de Guardavidas, poniéndolos al tanto del mal estado del muelle y el peligro que esto representa “Si no se arregla van a seguir habiendo accidentes y problemas” dijo.
La realidad es que pocas personas le van a hacer caso al cartel de Prefectura anunciando que esta es una zona no habilitada para baños. Los rioplatenses no nos caracterizamos por ser precisamente muy obedientes a las prohibiciones, sean del tipo que sean, es más, basta que nos prohíban algo para que nos entren unas ganas locas de hacerlo.
Cuenta una vecina, Teresa Pérez Bourse que siendo niña vio construir el muelle con bolsas de arpillera rellenas de portland. Era la década del cuarenta, no había ni rastros de lo que hoy conocemos como Rambla Circunvalación, cuando Mailhos decide erguir un muelle para alcanzar el banco de arena frente a su casa y así evitar lastimarse con las rocas sumergidas.
El muelle sufrió los embates del tiempo, el banco de arena cambió su curso debido a la nueva escollera que alteró el flujo de las corrientes. Fue restaurado en más de una ocasión, y ha sobrevivido tormentas, huracanes y gobiernos de turno por más de medio siglo.
Se rumorea que no hay verdadero interés de restaurarlo, ya que la idea es agrandar el puerto y en el nuevo diseño no hay lugar para este muelle, ni para el sentimiento de pertenencia que esta playa despierta en el pueblo de Punta del Este.

viernes, 28 de octubre de 2011

La Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria desata polémica

El Muro de los Lamentos, la Gran Muralla China, el Muro de Berlín, el paredón, el autocine, estos son algunos de los nombres que se le han dado a la construcción que se está realizando en la playa El Emir para albergar la imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona de la iglesia de Punta del Este.
¿Cómo empezó todo? Como parecen empezar hoy en día la mayoría de las insurrecciones civiles: por las redes sociales en internet.
En este caso, las fotos de la construcción publicadas en Facebook por unos puntaesteños, -entre los cuales me incluyo-, preocupados por el gigantesco forúnculo que estábamos viendo aparecer en El Emir, provocaron todo tipo de comentarios negativos entre la gente que de alguna manera, quiere salvaguardar la belleza natural de Punta del Este.
Se alega que lo que se está construyendo es antiestético, fuera de escala- mide la friolera de cuatro metros de alto- que interfiere con el paisaje tapando la vista de la Isla de Lobos. También se critica que no se haya comunicado lo que se pensaba hacer a la población, y que no se hayan tomado el trabajo de guardar las decenas de placas de agradecimiento a la virgen, que los fieles han ido dejando espontáneamente a través de los años.
Según lo que he averiguado, este proyecto, así como la antigua construcción que albergaba a la virgen, es donación de una familia que prefiere mantener el anonimato. La intención la encuentro excelente, el resultado no tanto, ya que el mamotreto diseñado por el estudio de Montevideo, Tanco Errea y Guillermo Scorza Arquitectos, sobresale como un molesto grano en este rincón de la playa El Emir.
La virgen patrona de la iglesia de Punta del Este, Nuestra Señora de la Candelaria conmemora en el mes de febrero la llegada del navegante español Juan Díaz de Solís a nuestras costas. Fue él quien bautizó como Puerto de la Candelaria a la península que se convertiría luego en Punta del Este. El 2 de febrero de 1516, el aventurero creyó que por fin había alcanzado el pasaje marítimo que lo conduciría a la India. Asombrado por completo por una geografía ajena, llamó Mar Dulce al actual Río de la Plata. Aquel era el día en que la Iglesia católica celebra la purificación de la Virgen María -o de la Candelaria-, luego del alumbramiento de Jesús. Solís bautizó, por lo tanto, con el nombre de Puerto de la Candelaria a la península que separa el estuario del océano.
Me tomé la libertad de pedir la opinión del arquitecto Samuel Flores Flores, quien tiene más de 40 años de carrera profesional, unos 250 proyectos ejecutados, y ha sido entre otras cosas, Asesor del Ministerio de Viviendo y Ordenamiento Territorial, cuando lo consulté para ver que le parecía el proyecto de la “Ermita Nuestra Señora de la Candelaria”, dijo lo siguiente: “Aún no hemos entendido, que los Espacios Públicos, son de todos y para tal fin, deben estar libres de todo hecho artificial, pues se dejan para preservar su naturalidad. En este caso, todas las religiones tendrían derecho a construir sus símbolos de fe, ¿Qué espacio obtendríamos?”
El arquitecto argentino Martín Gomez quien en el 2011 tuvo el honor de ser nombrado por la revista inglesa Wallpaper como uno de los veinte mejores nuevos arquitectos a nivel mundial, responsable de numerosas obras residenciales y comerciales no sólo en Punta del Este, sino que en diferentes partes del mundo, dijo lo siguiente al ver lo que se está construyendo en El Emir: “Qué pena ver tremendo monumento tapando la maravillosa naturaleza que bien hace de marco natural y de Creación Divina a la virgen de la Candelaria, donde siempre hemos visto como telón de fondo un horizonte marino con la graciosa silueta de la isla de los Lobos y su faro.”
El señor Enrique Harriague, propietario de un departamento sobre la Rambla Circunvalación con vista a El Emir y a la Isla de Lobos, un viejo amigo de la familia, expresaba lo siguiente: “Este proyecto va contra la naturaleza, obra de Dios, como católico es lo que siento. No me imagino que pueden pensar personas de otros credos que viniendo desde la Punta de las Salinas, ven esta edificación extraña que les obstruye la vista impidiéndoles apreciar la emblemática Isla de Lobos.”
Por último el joven arquitecto Matías Casaux Alsina, radicado en Punta del Este desde 1991, quien trabaja hace más de diez años en el prestigioso estudio del arquitecto Carlos Ott, responsable de importantes proyectos en Punta del Este (Laguna Escondida, OH La Barra, el futuro predio feria de El Jagüel, etc.), dijo lo siguiente, al ver este lo que se está construyendo: ”Es una lástima que una de las penínsulas rocosas más hermosas de Punta del Este se vea afectada por semejante reconfiguración. La capilla que antes participaba como un detalle dentro del marco natural espectacular, hoy se inserta de manera antinatural descontextualizando a la virgen y a sus devotos de la majestuosidad de la creación de Dios y su paisaje. Este muro de cuatro metros de altura no solo impide la visión del mar y la isla de lobos, sino que a su vez será un objeto observado desde los distintos ángulos de la rambla transformando para siempre el imaginario visual de todos los ciudadanos. La zona de “El Emir” ya no volverá a ser la misma.”
Unos ciudadanos de Punta de Este: Diego Rubio y Alejandra Pons, preocupados por la situación, hicieron lo cívicamente responsable y fueron al municipio que los representa, con la intención de recabar más información acerca de este proyecto, que nos tomó a todos de sorpresa, principalmente por su descomunal tamaño y el silencio que lo rodeaba, al menos hasta ahora. Si bien fueron recibidos muy amablemente- según su testimonio- se fueron con muy poca información y la certeza de que esta era un hecho consumado, y por más que una cantidad representativa de ciudadanos de Punta de Este pensamos que es un soberano mamarracho, no hay más remedio que aguantársela, ya que ahora no hay Cristo, ni Alcalde que lo pare.
Este episodio es solamente uno más de tantos, en los que vemos que espacios públicos no son respetados, edificios emblemáticos son demolidos, excepciones a la ordenanza de la construcción son milagrosamente aprobadas, y no con la ayuda de la Virgen de la Candelaria, precisamente. Los ciudadanos comunes y corrientes nos quedamos con la sensación de que no estamos siendo representados, nuestro patrimonio no es defendido, teniendo que convivir con los resultados, mientras vemos con tristeza como Punta del Este va perdiendo su identidad y su encanto.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Nocturnidades







En un libro que estoy leyendo del escritor alemán W. G. Sebald titulado Austerlitz, el narrador compara la intensidad de la mirada de ciertos animales nocturnos, como el lémur o la lechuza con la penetrante mirada de algunos grandes pensadores y filósofos. El autor elige ilustrar esta comparación con fotos que muestran los grandes ojos redondos de las criaturas de la noche, yuxtapuestos a los ojos de pensadores como Nietzsche o Foucault.
Todos ellos buscan atravesar la oscuridad, penetrarla, domarla, para ver qué es lo que esta esconde.
Para estar de acorde al tema, escribo esto de noche, cuando los ruidos de la calle y la casa se callaron casi por completo, y es más fácil escuchar los propios pensamientos, sin las interferencias de la vida diaria y la aturdidora rutina. ¿Por qué digo que la rutina es aturdidora? Porque nos llena de mandatos, de voces imperativas que nos llegan desde el trabajo, la familia, la pareja, la sociedad a la cual pertenecemos, e implacablemente nos van dictando las cosas que “debemos” hacer. La cacofonía de esas voces que se superponen y contradicen, no nos permite a veces oír esa voz interior, que encuentra más cómodamente su espacio en el silencio de la noche.
Como los lémures y los pensadores, uno cada tanto se adentra en la oscuridad, con la desventaja de que la mayoría de nosotros no tenemos la visión nocturna muy desarrollada- principalmente por falta de práctica-. La oscuridad asusta, lo desconocido muchas veces nos acobarda, y aunque esos buceos nocturnos son necesarios para el alma, preferimos quedarnos chapoteando en la superficie, sabiendo que hay un universo profundo y misterioso en nuestro interior, que requiere que nos sumerjamos en él para descubrir, no sólo cosas nuestras que están un poco más hondo, sino para entender mejor el mundo que nos rodea.
Para iniciar este viaje al que no todos se animan, confiamos en nuestra suerte y en la intuición. Esta es muchas veces la mejor guía, y una de las más cuestionadas, ya que la razón no se lleva con ella, y es esta última, la que intenta gobernar casi todas nuestras horas. Es durante la noche, en las horas en que reina la oscuridad cuando esta se debilita y podemos zafar de su asfixiante abrazo. Para emprender el recorrido de los lémures, los búhos y los murciélagos, al no contar con esos ojos privilegiados, tenemos que buscar otros timones, y la intuición está ahí agazapada, lista para auxiliarnos, basta con dejarla que nos guie, sin preguntarle demasiado.
La imagen de los pensadores del libro de Sebald, tratando de atravesar la oscuridad, me desveló, y recuerdo miradas de personas que conozco: miradas de los que buscan ahondar, aventurándose en la sombras, sabiendo que atravesando esa negrura desconcertante- aun corriendo el riesgo de perderse en ella- pueden encontrar tesoros que están reservados solamente para los valientes que emprenden este viaje. También recuerdo miradas de los que prefieren seguir en la superficie, y la sola idea de asomarse al oscuro abismo los llena de terror. Para estas personas, no hay canto de sirenas que los seduzca a sumergirse, como tercos Ulises se atan al mástil de la vida que conocen, sus rutinas, la ilusión de la seguridad.
Amigo lector: ¿Cuál de ellos es usted? o todavía más importante, ¿Cuál de ellos le gustaría ser?

lunes, 10 de octubre de 2011

Un ejemplo desde México



Existe un lugar donde conviven la modernidad y la tradición, donde las casas coloniales color terracota exhiben orgullosas sus cuidadas fachadas, detrás de las cuales se esconden magníficos patios llenos de plantas y espaciosas habitaciones exquisitamente decoradas. Un lugar donde los autos respetan a los peatones mientras estos cruzan las estrechas y empinadas calles de piedras. Una ciudad donde los artesanos ofrecen sus creaciones multicolores, mientras altivos mariachis caminan por la plaza principal en busca de clientes a quienes dedicarle sus canciones. Un lugar limpio y cuidado, con gente amable, dispuesta a ayudar al turista a disfrutar de su ciudad.
Este lugar es San Miguel de Allende en el estado de Guanajuato en México. Su belleza y señorío, sumado a un amable clima, le han valido a esta ciudad a 267 kilómetros de la capital, de renombre internacional convirtiéndola en un importante destino turístico y uno de los lugares preferidos para los extranjeros, especialmente estadounidenses, que buscan radicarse fuera de su país.
Fundada en 1542 por Fray Juan de San Miguel, quien bautizó el asentamiento como San Miguel el Grande, era un punto de paso importante del Antiguo Camino Real, parte de la ruta de la plata que se conectaba con Zacatecas. San Miguel fue declarado monumento histórico en 1926 por el Gobierno mexicano y fue descubierta como lugar turístico en la década del cincuenta, gracias a su bella arquitectura colonial y sus fuentes termales.
En San Miguel viven aproximadamente unos 10.000 estadounidenses -de los 2.5 millones que viven en México-. Cuenta con aproximadamente unos 62.000 habitantes en el área metropolitana y unos 140.000 en el municipio del mismo nombre.
La contribución de los expatriados es evidente. En 1937 un norteamericano de 27 años oriundo de Chicago llamado de Stirling Dickinson se enamoró de este pueblo color terracota, y se convirtió en uno de los fundadores de la Escuela Universitaria de Bellas Artes. Este instituto tuvo profesores tan prestigiosos como el muralista David Alfaro Siqueiros, y atrajo a artistas de todo el mundo, dándole a San Miguel de Allende parte del carácter que hasta hoy conserva, y lo hace tan especial. La combinación de artistas e inquietos residentes extranjeros le dieron a esta ciudad una impronta muy particular, en la que se destaca el respeto por la arquitectura colonial, una estética muy cuidada, y una gran preocupación por mantener las tradiciones. Los San Miguelenses -tanto los oriundos, como los por elección- están orgullosos de su pueblo y lo cuidan como a su propia casa.
Hoy en día en el centro histórico hay numerosos lugares en los que uno escucha tanto el inglés como el español. La presencia de los extranjeros es palpable, estos sobresalen cuando caminan por las empinadas calles del centro histórico- ya que son notoriamente más altos que los mexicanos- muchos han puesto comercios que ya llevan décadas en funcionamiento, y al igual que en Punta del Este, pululan las “Real Estate Agencies” ofreciendo casas y departamentos que de afuera mantienen su fachada colonial, pero adentro ofrecen todas las comodidades imaginables.
Aunque las comparaciones no son siempre justas, no pude evitar comparar a San Miguel con Punta del Este.
¿Cómo va a hacer semejante cosa? se estarán preguntando ¿No acaba de decir que San Miguel de Allende fue fundado en 1542? ¿Compararlos según que parámetro? Uno está en el hemisferio norte y el otro en el sur y además los separa la friolera de 367 años entre la fundación de uno y el otro.
Mientras San Miguel ostenta su identidad y su pasado colonial, parece que Punta del Este se empeña en deshacerse de la mayor cantidad posible de construcciones que representen épocas pasadas. Según lo que he leído, le toca el turno al Hotel Palace, que pronto dará paso a alguna nueva creación arquitectónica, que como es nuestra costumbre, no respetará ni incorporará nada de este emblemático hotel puntaesteño.
Construido en 1907, el Hotel Pedro Risso (luego Central y hoy Hotel Palace) sobrevivió a las crisis mundiales provocadas por el crac bursátil de 1929, la Primera y Segunda Guerras Mundiales. También superó lo que se considera como el peor momento sufrido por Punta del Este: el embargo a la llegada de turistas argentinos dictado durante la segunda presidencia de Juan Perón (1952-1955). El Palace también pudo superar otros escollos como fueron las devaluaciones argentinas de los años `80 y `90, así como también el estallido en Argentina durante el gobierno de Fernando de la Rúa a fines del año 2001, seguido por la crisis uruguaya.
La crisis que no sabemos si va a poder superar es la crisis de identidad que nos afecta. No está muy claro si vamos a poder salvar, -por lo menos la fachada- de uno de los pocos edificios emblemáticos que nos van quedando en pie, o si va a poder más el afán de lucro y vamos a ver desaparecer esta construcción de estilo colonial para dar lugar a alguna mole de concreto que tanto podría estar en Miami, Cancún o Mar del Plata.
En lo que sí nos asemejamos con San Miguel de Allende, es en la cantidad de empresas de “Real Estate” (no inmobiliarias ni empresas que comercializan bienes raíces, sino la versión anglo de estas, que suena más impresionante).
Ojalá que esto no fuera en lo único que tenemos en común con esta ciudad en México, ojalá que aprendiéramos a preservar las pocas cosas que constituyen nuestra identidad, -joven si, comparada con los 469 años de San Miguel de Allende-, pero ya somos mayorcitos, superamos el centenario y tenemos un edificio: el Hotel Palace, que ha sobrevivido a todos los avatares que le han tocado a Punta del Este, esperemos que no sea la ambición de unos y la apatía de otros, los que terminen con él.

viernes, 9 de septiembre de 2011

A una década de la barbarie

¿Quién no se acuerda de lo que estaba haciendo esa mañana del 11 de septiembre de 2001? ¿Habrá alguien que haya podido olvidar el humo? ¿Las caras atónitas de los transeúntes? ¿La incredulidad y el pánico reinante? ¿Quién no se acuerda de las esas imágenes irreales de las torres desmoronándose? ¿De los pequeños puntitos desesperados que se precipitaban al vacío, escapándole al fuego? (Dicen que por lo menos cien personas decidieron morir de esta forma antes que carbonizados) ¿De los papeles que volaban de las oficinas como una desbandada de desventurados pájaros blancos? ¿De los millares de fotos de los desaparecidos que brotaron inmediatamente como esperanzados hongos?
¿Quién pudo olvidar el horror en su estado más puro que reinó aquella mañana de perfecto cielo azul en Nueva York? Ciertamente yo no.
Ante la proximidad del 11 de septiembre, sentí la necesidad de recordar ese día que muchos preferiríamos olvidar. Claro que de original no tengo nada, ya que no voy a ser la única que va a escribir algo al respecto. Hace unos cuantos días que empezaron a aparecer en la prensa norteamericana e internacional todo tipo de artículos rememorando esta fecha que nos marcó a todos.
A las 8:46 el primer avión se estrella contra la Torre Norte, a los diecisiete minutos impacta el segundo avión en la Torre Sur. Una nube de humo negro empieza a esparcirse, dos edificios, una ciudad, una nación, el mundo mortalmente herido. Ya nada volvería a ser como antes.
La primera torre se desploma, como en cámara lenta, entre una nube de humo, la gente aterrorizada corre por las calles. El resto de nosotros miramos atónitos el televisor sin atinar a nada. Tanto horror repele y fascina a la vez.
Estaba en Punta del Este el 11 de septiembre del 2001. Me enteré del atentado por un llamado telefónico de mi padre, que tenía el televisor prendido esa mañana. Corrí a mi casa y no me despegué del televisor en todo el día. Intenté llamar a unos amigos en Nueva York y Washington sin suerte –en ese entonces no existían ni facebook, ni twitter- muy distinta hubiera sido la cosa si esto hubiera sucedido ahora.
El avión que se estrelló contra el Pentágono me tocó todavía más de cerca, había vivido en Washington unos cuatro años ya, y estaba convirtiéndose en mi ciudad. Tardé siete meses en volver y radicarme allí otra temporada.
Al volver, todo era muy distinto, la seguridad en los aeropuertos, el ánimo de la gente, una sensación de inocencia perdida, de palpable injusticia permeaba todo. Estados Unidos todopoderoso e invulnerable había sufrido una estocada magistral.
Como resultado del ataque del 11 de septiembre murieron casi 3.000 personas y resultaron heridas unas 6.000. A los tres aviones que se estrellaron contra sus objetivos casi se le suma un cuarto, el vuelo 93 de United Airlines que cayó en un descampado en Pensilvania, después de una lucha entre pasajeros y tripulantes con los terroristas.
Nueva York, una ciudad donde conviven personas de diferentes razas y credos, donde las distintas lenguas se funden en una melodía ininteligible, creando un sonido propio, el idioma de uno de los lugares más dinámicos y cosmopolitas del mundo, de repente se quedó muda.
Esta ciudad, musa inspiradora de numerosos artistas, esta metrópoli reproducida en miles de películas; escenario de romances, aventuras y espectaculares estafas, quedó reducida a una nube de ponzoñoso humo negro que todo lo devoraba a su paso.
Más tarde nos fuimos enterando de los detalles: Al Qaeda, Osama Bin Laden, los nombres de los 19 terroristas, la reacción del entonces presidente George Bush y del alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, las historias de los sobrevivientes, las víctimas, los desaparecidos, los bomberos, los policías, los familiares…
Diez años pasaron desde este monstruoso atentado, demasiado poco para que las heridas sanen, para que veamos este incidente con la sabia perspectiva que nos da el tiempo.
El humo, los escombros, el silencio sepulcral y el desconcierto están todavía entre nosotros, como si hubiera sucedido ayer. No olvidamos.

viernes, 19 de agosto de 2011

Poderosa y controvertida prensa

Ayyy prensa, te llaman el cuarto poder. ¡Cuánta controversia se ha generado por tu culpa!

Los políticos te necesitan, los personajes públicos, los trepadores, los comerciantes, todos te usan para lograr sus fines. Te denigran cuándo difundís algo que no les conviene, te adoran cuándo servís a sus intereses.

Serás el cuarto poder, pero has sido capaz en diversas oportunidades de derribar a los tres primeros.

Tu primer y única lealtad debe ser para con tu público, este depende de ti para saber la verdad. La verdad que nos gusta y la que preferiríamos ignorar. Los gobiernos se ponen nerviosos cuándo los criticás, pero llaman a conferencias de prensa para anunciar sus logros.

La semana pasada tuvimos un ejemplo del poder de la prensa en nuestro balneario, siempre pendiente de los indicios que señalan si va a ser una buena o mala temporada.

El martes 9 de agosto salió en este mismo diario un artículo titulado “Tormenta financiera global afecta directamente a José Ignacio.” En la nota se recogían las declaraciones del inmobiliario Ignacio Ruibal, las cuales hablaba de la crisis financiera mundial y cómo esta está afectando la concreción de alquileres en el sector de propiedades Premium. Este es un pequeño segmento del mercado conformado principalmente de turistas europeos y norteamericanos de alto nivel adquisitivo, que alquilan las grandes casas frente al mar, y prefieren José Ignacio como lugar de vacaciones. Vienen durante la última semana de diciembre y la primera de enero y en muchos casos se quedan menos de quince días. Según lo que dijo Ruibal en este artículo, parece que este año se están tomando su tiempo en concretar el alquiler de una propiedad, ya que hubieron consultas, pero menos reservas que otros años a esta altura.

Parece bastante lógico que esto pase ¿no es cierto? La incertidumbre económica ha alcanzado a todos los rincones del mundo y lo único que parece mantener cierta estabilidad es el oro.
El hecho es que se publicó este artículo y “pandío el cúnico”, perdón, "cundió el pánico" y la inmobiliaria Nana Lavagna se sintió en la obligación de “desdramatizar” la situación. Lavagna salió a hacer declaraciones en FM Gente con la intención de minimizar las preocupaciones expresadas por Ruibal. Lavagna dijo que estos clientes son apenas unos pocos, asegurando que desde la vecina orilla siguen llegando los inversores y que el mercado de los extra regionales no afecta verdaderamente los resultados globales de los alquileres en Punta del Este.

Por otro lado, Omar Milar el presidente de la Asociación de Inmobiliaria de Punta del Este (ADIPE), dijo a la radio El Espectador, al ser consultado respecto a la crisis internacional: “por ahora no creemos que tendrá muchísima incidencia en lo que tiene que ver con la temporada en Punta del Este. Punta del Este se ha venido presentando con un movimiento sustentable que todo indica que se va a mantener un par de años más. Toda esta crisis puede tener alguna relevancia en lo que pueden ser las economías de otros mercados pero en el mercado de alquileres o ventas de Punta del Este creemos que no va a tener mucha importancia”.

¡Qué revuelo que se armó con las declaraciones de Ruibal! Si leemos bien las mismas, ellas se refieren específicamente a José Ignacio, no a Punta del Este en su conjunto, y más concretamente a un segmento del mercado bastante acotado. Sin embargo los ecos llegaron de José Ignacio y se magnificaron alcanzando a Punta del Este y alrededores.

En un lugar dónde la mayoría de las propiedades son la segunda, cuándo no la tercera o cuarta propiedad de una familia, y gran parte de estas están vacías diez meses del año, no se aplica la misma lógica que en las ciudades. Bien sabemos los que aquí vivimos, que en Punta del Este no hacemos si no esperar esperanzados los resultados de la fugaz temporada.

Poderosa prensa, por favor no se te ocurra hacer nada que espante a los posibles turistas o inversores.
¿Y tu compromiso con la verdad? Bueno, por esta vez no nos hagas olas, no sea que nos quedemos solos y vestiditos para la fiesta sin nadie con quien bailar.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Las noticias nuestras de cada día

Últimamente ando falta de inspiración. No sé si será el invierno que me congeló las ideas, o algunas cosas que me preocupan y monopolizan mis pensamientos, pero el hecho es que no se me ocurre de qué escribir.

Pensándolo bien, temas no deberían faltarme. El Big Brother del norte, nuestro referente –en muchos casos a regañadientes, pero referente al fin- estuvo a punto de declararse en quiebra, arrastrándonos a todos en un incierto laberinto del que nadie sabe cómo salir, Europa no consigue recuperarse de la crisis, los indignados españoles siguen indignados, el Medio Oriente es un polvorín a punto de estallar.

A nivel nacional la mina de Aratirí ha dado que hablar, se siguen recolectando firmas para bajar la edad de imputabilidad, todos los días hay un asalto nuevo con ribetes cinematográficos y el dólar apenas llega a los dieciocho pesos. En la vecina orilla Tinelli sigue probando que es capaz de todo con tal de mantener el rating -hasta hacer un reality show de la caída con traumatismo de cráneo de una bailarina en su programa-, Cristina Fernández está empezando a hacerse la simpática, ahora que el triunfo en la primera vuelta no parece tan seguro como hace unos meses y el juez Zaffaroni no puede “zafaroni” nada del lío que se le armó con los cinco apartamentos a su nombre dónde funcionaban prostíbulos clandestinos.

¿Cómo puede ser que ninguno de estos acontecimientos logre inspirarme? ¿Habré logrado transformarme en una de esas personas que siempre me desagradaron? Esa gente que no ve más allá de su ombligo.

Hace casi unos diez años tuve la oportunidad de ver el comportamiento de uno de estos seres. Fue una mañana de un 11 de septiembre, cuando dos aviones se estrellaron contras las Torres Gemelas en Nueva York. Estaba en Punta del Este -más concretamente en el gimnasio, haciendo abdominales- cuando mi padre me llamó por teléfono y me pidió que prendiera la televisión para ver lo que estaba pasando. Lo hicimos justo cuando el segundo avión se estrellaba. Lo que más recuerdo de ese momento fue la reacción de una de las personas que estaba en el caminador, “Paaaa” dijo y después siguió corriendo como si nada pasara. Este comportamiento es característico del tipo de individuos que acabo de describir. Son las personas que si algo no los afecta directamente, lo ignoran, les resbala, directamente no vale la pena prestarle atención.

En el fondo todos vivimos un poco así -a menos que seamos activistas tratando de salvar el mundo- nuestra preocupación es directamente proporcional a la capacidad que tengan estas noticias de afectarnos el bolsillo, o alterar nuestro precario sentido de la seguridad. En un mundo saturado de información muchas noticias nos parecen lejanas y repetidas.

¿Otro huracán en Haití? ¿Se descubrió otro caso de corrupción en la Argentina? ¿Un político norteamericano engañó a la mujer con la niñera -una joven de algún país exótico que estaba en el país ilegalmente- y ofreció una lacrimógena disculpa? ¿Una hambruna más en África? ¿Otra talentosa cantante muere a destiempo por sus excesos? ¿Otro supuesto genio de las finanzas se mandó mudar con la plata de sus clientes?¿Será que sufro de una sobredosis de información? Yo creo hay algo de eso, ya que todo se me mezcla en la cabeza como un gran cocktail de noticias que me parece haber oído antes y nada parece inspirarme.

Espero que este estado no dure demasiado tiempo, ya que empieza a preocuparme esta indiferencia crónica que estoy sufriendo.Mientras tanto los diarios se siguen llenando de titulares, los programas de chismes descubren alguna nueva foto de la pobre Juanita Viale, las vecinas chismorrean acerca de la nueva familia del barrio, y yo los miro a todos desinteresadamente, desde mi momentánea apatía informativa.