viernes, 19 de agosto de 2011

Poderosa y controvertida prensa

Ayyy prensa, te llaman el cuarto poder. ¡Cuánta controversia se ha generado por tu culpa!

Los políticos te necesitan, los personajes públicos, los trepadores, los comerciantes, todos te usan para lograr sus fines. Te denigran cuándo difundís algo que no les conviene, te adoran cuándo servís a sus intereses.

Serás el cuarto poder, pero has sido capaz en diversas oportunidades de derribar a los tres primeros.

Tu primer y única lealtad debe ser para con tu público, este depende de ti para saber la verdad. La verdad que nos gusta y la que preferiríamos ignorar. Los gobiernos se ponen nerviosos cuándo los criticás, pero llaman a conferencias de prensa para anunciar sus logros.

La semana pasada tuvimos un ejemplo del poder de la prensa en nuestro balneario, siempre pendiente de los indicios que señalan si va a ser una buena o mala temporada.

El martes 9 de agosto salió en este mismo diario un artículo titulado “Tormenta financiera global afecta directamente a José Ignacio.” En la nota se recogían las declaraciones del inmobiliario Ignacio Ruibal, las cuales hablaba de la crisis financiera mundial y cómo esta está afectando la concreción de alquileres en el sector de propiedades Premium. Este es un pequeño segmento del mercado conformado principalmente de turistas europeos y norteamericanos de alto nivel adquisitivo, que alquilan las grandes casas frente al mar, y prefieren José Ignacio como lugar de vacaciones. Vienen durante la última semana de diciembre y la primera de enero y en muchos casos se quedan menos de quince días. Según lo que dijo Ruibal en este artículo, parece que este año se están tomando su tiempo en concretar el alquiler de una propiedad, ya que hubieron consultas, pero menos reservas que otros años a esta altura.

Parece bastante lógico que esto pase ¿no es cierto? La incertidumbre económica ha alcanzado a todos los rincones del mundo y lo único que parece mantener cierta estabilidad es el oro.
El hecho es que se publicó este artículo y “pandío el cúnico”, perdón, "cundió el pánico" y la inmobiliaria Nana Lavagna se sintió en la obligación de “desdramatizar” la situación. Lavagna salió a hacer declaraciones en FM Gente con la intención de minimizar las preocupaciones expresadas por Ruibal. Lavagna dijo que estos clientes son apenas unos pocos, asegurando que desde la vecina orilla siguen llegando los inversores y que el mercado de los extra regionales no afecta verdaderamente los resultados globales de los alquileres en Punta del Este.

Por otro lado, Omar Milar el presidente de la Asociación de Inmobiliaria de Punta del Este (ADIPE), dijo a la radio El Espectador, al ser consultado respecto a la crisis internacional: “por ahora no creemos que tendrá muchísima incidencia en lo que tiene que ver con la temporada en Punta del Este. Punta del Este se ha venido presentando con un movimiento sustentable que todo indica que se va a mantener un par de años más. Toda esta crisis puede tener alguna relevancia en lo que pueden ser las economías de otros mercados pero en el mercado de alquileres o ventas de Punta del Este creemos que no va a tener mucha importancia”.

¡Qué revuelo que se armó con las declaraciones de Ruibal! Si leemos bien las mismas, ellas se refieren específicamente a José Ignacio, no a Punta del Este en su conjunto, y más concretamente a un segmento del mercado bastante acotado. Sin embargo los ecos llegaron de José Ignacio y se magnificaron alcanzando a Punta del Este y alrededores.

En un lugar dónde la mayoría de las propiedades son la segunda, cuándo no la tercera o cuarta propiedad de una familia, y gran parte de estas están vacías diez meses del año, no se aplica la misma lógica que en las ciudades. Bien sabemos los que aquí vivimos, que en Punta del Este no hacemos si no esperar esperanzados los resultados de la fugaz temporada.

Poderosa prensa, por favor no se te ocurra hacer nada que espante a los posibles turistas o inversores.
¿Y tu compromiso con la verdad? Bueno, por esta vez no nos hagas olas, no sea que nos quedemos solos y vestiditos para la fiesta sin nadie con quien bailar.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Las noticias nuestras de cada día

Últimamente ando falta de inspiración. No sé si será el invierno que me congeló las ideas, o algunas cosas que me preocupan y monopolizan mis pensamientos, pero el hecho es que no se me ocurre de qué escribir.

Pensándolo bien, temas no deberían faltarme. El Big Brother del norte, nuestro referente –en muchos casos a regañadientes, pero referente al fin- estuvo a punto de declararse en quiebra, arrastrándonos a todos en un incierto laberinto del que nadie sabe cómo salir, Europa no consigue recuperarse de la crisis, los indignados españoles siguen indignados, el Medio Oriente es un polvorín a punto de estallar.

A nivel nacional la mina de Aratirí ha dado que hablar, se siguen recolectando firmas para bajar la edad de imputabilidad, todos los días hay un asalto nuevo con ribetes cinematográficos y el dólar apenas llega a los dieciocho pesos. En la vecina orilla Tinelli sigue probando que es capaz de todo con tal de mantener el rating -hasta hacer un reality show de la caída con traumatismo de cráneo de una bailarina en su programa-, Cristina Fernández está empezando a hacerse la simpática, ahora que el triunfo en la primera vuelta no parece tan seguro como hace unos meses y el juez Zaffaroni no puede “zafaroni” nada del lío que se le armó con los cinco apartamentos a su nombre dónde funcionaban prostíbulos clandestinos.

¿Cómo puede ser que ninguno de estos acontecimientos logre inspirarme? ¿Habré logrado transformarme en una de esas personas que siempre me desagradaron? Esa gente que no ve más allá de su ombligo.

Hace casi unos diez años tuve la oportunidad de ver el comportamiento de uno de estos seres. Fue una mañana de un 11 de septiembre, cuando dos aviones se estrellaron contras las Torres Gemelas en Nueva York. Estaba en Punta del Este -más concretamente en el gimnasio, haciendo abdominales- cuando mi padre me llamó por teléfono y me pidió que prendiera la televisión para ver lo que estaba pasando. Lo hicimos justo cuando el segundo avión se estrellaba. Lo que más recuerdo de ese momento fue la reacción de una de las personas que estaba en el caminador, “Paaaa” dijo y después siguió corriendo como si nada pasara. Este comportamiento es característico del tipo de individuos que acabo de describir. Son las personas que si algo no los afecta directamente, lo ignoran, les resbala, directamente no vale la pena prestarle atención.

En el fondo todos vivimos un poco así -a menos que seamos activistas tratando de salvar el mundo- nuestra preocupación es directamente proporcional a la capacidad que tengan estas noticias de afectarnos el bolsillo, o alterar nuestro precario sentido de la seguridad. En un mundo saturado de información muchas noticias nos parecen lejanas y repetidas.

¿Otro huracán en Haití? ¿Se descubrió otro caso de corrupción en la Argentina? ¿Un político norteamericano engañó a la mujer con la niñera -una joven de algún país exótico que estaba en el país ilegalmente- y ofreció una lacrimógena disculpa? ¿Una hambruna más en África? ¿Otra talentosa cantante muere a destiempo por sus excesos? ¿Otro supuesto genio de las finanzas se mandó mudar con la plata de sus clientes?¿Será que sufro de una sobredosis de información? Yo creo hay algo de eso, ya que todo se me mezcla en la cabeza como un gran cocktail de noticias que me parece haber oído antes y nada parece inspirarme.

Espero que este estado no dure demasiado tiempo, ya que empieza a preocuparme esta indiferencia crónica que estoy sufriendo.Mientras tanto los diarios se siguen llenando de titulares, los programas de chismes descubren alguna nueva foto de la pobre Juanita Viale, las vecinas chismorrean acerca de la nueva familia del barrio, y yo los miro a todos desinteresadamente, desde mi momentánea apatía informativa.

viernes, 29 de julio de 2011

Reflexiones de una y otra orilla, a propósito de la victoria celeste

La Copa Libertadores dejó al pueblo uruguayo en un estado de orgullosa efervescencia que nos hizo olvidar por un rato al dólar por el piso, la inseguridad y de los otros males que nos aquejan.
Este torneo, además de darnos un empujoncito de optimismo que nos permite enfrentar el resto del gélido invierno con mejor humor, puso en evidencia la relación de amor-odio que nos une con nuestros vecinos rioplatenses.
Los uruguayos no sólo nos dimos el gusto de ganar la copa, sino de dejar afuera a Argentina, en su propia casa. El partido por el pase a las semifinales contra nuestros vecinos, fue más emocionante que la final, ya que derrotar a los argentinos tiene un sabor muy especial, que no se siente ganándoles a los paraguayos o los peruanos.
Dejando a Argentina fuera del torneo, nos aseguramos que Gardel nació en Tacuarembó, el tango es rioplatense y no porteño, e inventamos el dulce de leche. Víctor Hugo Morales, China Zorrilla y Natalia Oreiro son compatriotas nuestros, así hayan decidido afincarse en Buenos Aires, y lo más importante de todo: el bombonazo de Diego Forlán, es bien uruguayito, y encima se dio el lujo de plantar a la bomba de Zaira Nara en el altar. Estamos en éxtasis.
Dos amigos argentinos, románticos empedernidos y enamorados del Uruguay, sabiendo de mi afición a escribir, me mandaron sus reflexiones acerca de la final de la Copa América en suelo porteño.
Rafael, un abogado que veraneó en Punta del Este por muchos años, conmocionado por la invasión de mates, escribió lo siguiente:"La pregunta crucial es ¿y los argentinos, donde estábamos?; fácil, estuvimos escribiendo las letras de varios tangos, que nos llevan a la nostalgia de las excusas negadoras, para tratar de justificar porque Messi no hace goles en la selección, o porque no hubo equipo, o si el Checho se tiene que ir. Y sólo se pudo callar al silencio con la música más escuchado por estos días, que es el tango de Zaira, quien tiene pena de casamiento, a quien Forlán, a contrario sensu le canta: '…Ya no sos más mi Zairita, ahora te llaman Margot…'. Pero muchas concesiones, siendo porteño estoy haciendo, y no podría dejar de cerrar estas líneas sin dar la clásica solución a los diferendos con las charrúas, afirmando ciertamente que la Copa América hoy es solamente RIOPLATENSE."
“En la integración de los países del Mercosur, nunca hubo tanta fiesta como en Buenos Aires esta semana pasada, lástima que los anfitriones nos comportábamos como si nada pasara. La Copa América, logró que se exteriorice los íconos más íntimos de cada país. En Buenos Aires, hemos vivido una real invasión de termos y conductas, no hacía falta bandera alguna para saber de donde provenían cada uno de los contingentes; la cuestión resultaba fácil, si el termo lo llevaba debajo del brazo, apostale nomás que ese es charrúa, en cambio si se encontraban termos tamaño barril, no había duda que estábamos frente a los hermanos paraguayos. Tantos unos como otros, experimentaron esto días la felicidad de la expectativa de la final con mucha alegría y esperanza, obvio que uno sólo pudo levantar la copa, que parecía que lo hacía con una húngara de la Pasiva en la otra mano. Bien, bien merecido, se la ganaron en buena ley", agregó mi amigo.
Por otro lado, Augusto, un economista y poeta de a ratos, amante de Montevideo y sus bares, me mandó la siguiente reflexión, a propósito de la relación entre los dos pueblos: “Personalmente creo que lo que existe desde el uruguayo al argentino pasa por cierta entendida pero a la vez, vista desde mí, inentendible envidia. Por tamaños, me recuerda a la relación Irlanda (la República) y los ingleses. Pero en ese caso es casi odio ancestral, religioso, de bloqueo económico, etcétera. Lo de los uruguayos en cambio es un recelo que pasa creo, no sólo por los tamaños y geografías de cada país sino por algo mucho más profundo. Pasa inconscientemente porque en el fondo anhelan nuestro vértigo y nuestra gigantesca capacidad para hacer cosas todo el tiempo, algo que creo miran desde su eterna pasividad con gran asombro, perplejidad e incomodidad. Y como Argentina hace, se vive equivocando, y esa es la parte que mas disfrutan. Siempre esperan de nuestros errores para encarar políticas contrarias. Hace poco el ex presidente Julio María Sanguinetti dijo que si existiera una nación cuyos habitantes fueran una mezcla de argentinos (por su constante dinamismo) y de uruguayos (por su civilidad y respeto a las instituciones sería un país imbatible. A mí una de las cosas que más me gusta de Uruguay es que apenas llegas, por puerto o por donde sea, te empieza a invadir un maravilloso olor a leña quemada que reina en cualquier lugar del país. Estés en Plaza Cagancha o en Minas. Yo creo que ésa característica marca claramente a los uruguayos. El asado se hace con leña. Acá con carbón y si es posible con briquetas que prenden más rápido aún. Asar la carne con madera es una clara demostración de quietud y espera. Un asado en Uruguay requiere una previa de dos horas más que en Argentina. A mí eso realmente me encanta, de hecho allá trato de hacerlos así ¿pero acá? Acá no nos dan los tiempos. Pero a la vez siento en Uruguay un refugio, deseo su progreso pero deseo que sigan con el whisky, el Medio y Medio y el Beefeater. Pero no sé si podría vivir porque uno está invadido de esta locura. Creo que ambos necesitamos estar enfrente para escaparnos de nuestros propios y diferentes tedios.”
Tengo que coincidir con esta última reflexión de mi amigo. Estos dos países, tan semejantes y tan distintos a la vez, se miran unas veces con envidia, otras con condescendencia, en ocasiones con perplejidad, pero siempre con afecto, un afecto similar al que une a miembros de una misma familia, un tanto disfuncional, pero familia al fin.
Hermanos argentinos, esta vez nos tocó a nosotros. Gracias por dejarnos festejar en su casa.

viernes, 8 de julio de 2011

Sincericidios … de Jorge a Joaquín



En mi última vista a Buenos Aires, un amigo me habló casualmente del sincericidio.
Era la primera vez que oía a alguien usar este término. Exista o no para la Real Academia Española, sincericidio es una palabra excelente. Por demás ilustrativa.
Desde ese momento me embarqué en una quijotesca cruzada tratando de encontrar la definición más aproximada, y ejemplos ilustrativos de sincericidios y sincericidas. Pedí la colaboración de amigos y conocidos, y aunque la mayoría nunca había oído este término, todo el mundo tenía algo que decir al respecto.
La definición que a mi parecer más se aproxima es: Suicidio u homicidio mediante sobredosis de sinceridad.
Si lo piensan bien, ¿quién no perpetró alguna vez un sincericidio?
Todos, en un momento de debilidad, quizás con una copita de más, hemos tenido un instante en el que las palabras brotaron de nuestra boca como un vómito imparable, salpicando a nuestro pobre interlocutor, dejándolo momentáneamente anonadado, mientras nos preguntamos ¿por qué se me ocurrió decir eso? Ese es el momento en que nos convertimos en sincericidas, ya que aniquilamos al otro por no saber callarnos la boca.
Hay cosas que en el fondo nadie quiere saber, o por lo menos no queremos escucharlas de otros.
Es ahí donde entra una peligrosa especie de fanáticos que son un peligro para la humanidad.
Son los sincericidas asumidos, orgullosos de su condición, que exhiben su monstruosidad y se jactan de ir por el mundo asesinando egos impunemente y mutilando corazones. Bien dijo el clérigo y profesor ingles Robert Burton: “Una palabra hiere más profundamente que una espada.”
“Yo digo la verdad, soy sincero” dicen estos nefastos personajes a quienes nadie les preguntó nada, pero nada les importa a estos maníacos de la verdad, no evalúan el daño que pueden causar, ni el peso que tienen las palabras.
Existen los sincericidos políticos –estos son lo más raros-, los sincericidios maritales –generalmente fatales, aunque un poco más comunes que los primeros-, los sincericidios amistosos, - estos son los que tienen mayor grado de sobrevivientes, ya que la amistad es uno de los vínculos humanos más generosos.
Las consecuencias del sincericidio generalmente son muy penosas para todos los implicados. Lo mejor que puede hacer el sincericida es quedarse callado. No dar explicaciones, ya que una vez cometido el sincericidio, no hay vuelta atrás y cualquier intento por remediar la situación no sólo es algo infructuoso, sino contraproducente y puede conducir a hechos de sangre.
¿Qué fue lo que hizo nuestro ex presidente Jorge Batlle en el 2002 frente a las cámaras de la cadena Bloomberg, sino un sincericidio?
“Los argentinos son una manga de ladrones del primero al último”, dijo, enfurecido, Batlle.
¿Y qué pasó cuando fue a dar una lacrimosa disculpa al entonces presidente argentino, Eduardo Duhalde? Una catástrofe política y un reverendo bochorno, eso fue lo que pasó.
El cantautor español Joaquín Sabina tiene una canción en la que habla de los sincericidios. Como estos no son compatibles en el amor. “Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera, contarle que el universo era más ancho que sus caderas” dice Sabina en "Mentiras Piadosas".
Ninguna mujer enamorada quiere escuchar que el universo es más ancho que sus caderas, ni de esa chica que le hizo perder la cabeza nuestro enamorado.
El sincericidio y el amor, no son compatibles. Tampoco es compatible con la política ni los negocios.
Amigos sincericidas: refrenen sus impulsos de decir verdades a troche y moche. Ni den opiniones que nadie les pidió.
Todos les vamos a estar muy agradecidos.

sábado, 25 de junio de 2011

Cristina se somete

La política de nuestro país es entretenida, eso no se puede negar. Desde que tenemos al señor Mujica de presidente, debemos tener para los que nos ven de afuera, un no sé qué folclórico, una onda Luis Landriscina mezclada con el Viejo Vizcacha, que nos hace pintorescos a los ojos de un extranjero.
Pero lo que a mí realmente me gusta, me seduce, me intriga, en mi condición de uruguayita puntaesteña, es el misterio, el glamur, los intrincados manejos de la política argentina.
Llámenme renegada si quieren, no me importa, pero este es un vicio que tengo y me gustaría compartir con otros tapados como yo:

Llevaba puesto un sencillo vestidito negro, el día que la señora Cristina Fernández de Kirchner anunció su decisión de postularse una vez más a la presidencia de la Argentina.
Atrás de ella se leía Galería de los Patriotas Latinoamericanos, eran las 19:02 del 22 de junio en la Casa Rosada, cuando de su boca salieron las siguientes palabras: “Aquí estamos, vamos a someternos una vez más, como lo he hecho siempre.”
Aplausos, vivas, siguieron este gesto de abnegada vocación pública, este ejemplo de sacrificio de la vida privada en pos de la construcción de un país que tiene a algunos adormecidos a fuerza de LCD para todos y de subsidios varios, y al resto en un estado de atolondramiento importante, ya que nadie parece saber cómo reaccionar ante esta imprevisible viuda de vestidito negro.
Someter, esa es la palabra que la señora Kirchner eligió para comunicar su decisión por Cadena Nacional.
Someter, que palabrita versátil que es esta. Evoca imágenes de la Coca Sarli, en el papel de “Delicia” sometiéndose sobre una carcasa de res a la lujuria de un despiadado carnicero, en la icónica película “Carne,” (1968). O la un ejército rindiéndose incondicionalmente ante el enemigo.
Que cuidadosa elección de las palabras, ya que someterse da la idea de abnegación, de dejar de lado los propios intereses, anteponiendo los de otros. En este caso, los del hipotético pueblo que clama por ver a la viuda inmolarse, a pesar del dolor por la pérdida de su marido, la lipotimia, la mala leche de los medios, escándalos varios y otros avatares que la viuda-presidenta debe superar día a día.
Al igual que la Coca Sarli, Cristina se somete, las dos argentinísimas morochas son víctimas de la imagen pública que ellas mismas crearon.
Una de ellas elige explotarla al máximo, y somete (otra vez la palabrita) a sus ciudadanos a otra ronda de sopa boba, en un hábil manejo de los tiempos, ya que todo el mundo esperaba el demorado anuncio un par de días después. “Es un ejercicio de responsabilidad no adelantarse en los tiempos y tomar las decisiones cuando corresponde” dijo Cristina Kirchner en el discurso en que decidió poner fin al culebrón que bien podría haberse llamado “Crónica de una candidatura anunciada.”
¿Los protagonistas?
En realidad hay sólo dos:
Ella, alias: Cristina, la Presidenta, la Presidente (nunca me quedó muy claro cuál de los dos hay que usar), la Viuda, la Señora Kirchner.
Él, alias: El Gran Ausente, Néstor, el Presidente, el Marido, el Pingüino.
El resto es una gran cantidad de extras intercambiables que vemos desfilar a lo “Gran Hermano”, esperando quien va a ser el próximo en ser “nominado” y quedará fuera o dentro del círculo de poder.

Los próximos meses me tendrán expectante, pendiente de nuevos anuncios y acontecimientos.
Estoy segura que mi capacidad para el asombro no saldrá defraudada.

miércoles, 8 de junio de 2011

La Tierra Purpúrea

“La Cimarrona”, “La Sin Querencia”, “La Costosa”, “La Endiablada”, “La Revancha”, “La Sentenciada”. ¿Qué son? ¿Bandas de rock pesado? ¿Posibles nombres para una telenovela que tiene como protagonista a la polémica Juanita Viale?
No, señor, nada de eso. Son los nombres de algunas de las tropillas a las cuales pertenecen los potros en cuyos lomos prueban suerte los intrépidos jinetes de las Criollas.
Hace más de un mes escribí un artículo llamado “Los forasteros y las Criollas”, publicado en el diario Correo de Punta del Este. En el mismo contaba acerca de la experiencia de introducir a dos extranjeros al pintoresco mundo de las Criollas, de cómo sus impresiones enriquecieron las mías, ya que pude disfrutar de este espectáculo y las costumbres de nuestra gente de campo, como si los viera por primera vez. En ese artículo también hice referencia a la obra del escritor inglés William Henry Hudson.
Hudson uno de los más importantes voceros del indómito carácter de los gauchos, un estudioso de la flora y fauna local y un fiel enamorado de la belleza de nuestra tierra, era una rara avis, tanto por su origen, como por su capacidad de observación. Según palabras del libro de Edward Thomas “A Literary Pilgrim in England” (Un peregrino literario en Inglaterra) “Para ser un naturalista inglés, Mr. Hudson comenzó por hacer una cosa excéntrica. Nació en América del Sur.” Agregaría lo siguiente de mi propia cosecha: para ser uno de los más elocuentes y fervientes portavoces de la idiosincrasia criolla, Don Hudson hizo algo todavía más curioso; narró la historia de nuestros gauchos en el idioma de Shakespeare y Chaucer, no en el de José Hernández y el de Horacio Quiroga.
Hudson nació en 1841 en una zona rural de Quilmes en la Argentina. En 1885 publica un libro en inglés cuyo título original fue “The Purple Land ” (La Tierra Purpúrea) en el que narra las experiencias del joven Richard Lamb, de paso por la Banda Oriental, dónde con el pretexto de buscar trabajo en una estancia, deambula por el campo y es protagonista de toda clase de aventuras, desventuras y romances, e inclusive es reclutado para pelear contra el gobierno de Montevideo, bajo las órdenes de un caudillo que lleva el romántico nombre de Santa Coloma.
Ya en este entonces, un observador de la sensibilidad de Hudson, nos hablaba de las divisiones que había en aquel joven Uruguay, y de las sangrientas batallas que se libraban entre dos grupos muy distintos que allí coexistían: los del campo y los de la ciudad.
Hoy en día, aunque no nos enfrentamos con trabucos y facones, sigue existiendo una incisión que va más allá de lo urbano y lo rural o de las simpatías partidarias. Por momentos existe una ilusión de unión, como cuando nos unimos a vitorear a la Selección Uruguaya en el Mundial de Futbol, o nos vemos en la obligación de defendernos cuando nos critican los de afuera. Pero, sin ser por esos momentos aislados, la verdad es que estamos tan divididos como los personajes que el aventurero inglés Richard Lamb se encontró en la Banda Oriental.
Existe a mi parecer, una brecha todavía más importante, un tajo abierto que nos arde y cuando parece estarse cerrando, alguien hecha sal en esa herida. Este tajo es producto del divorcio entre lo que nuestras clases dirigentes prometieron antes y poco tiempo después de haber asumido el poder, y el corso a contramano que parecen tener ahora. Todos esos mensajes confusos con los que nos han bombardeado en los últimos meses no hacen más que confundirnos y alienarnos, dejándonos en un estado de dolorida desilusión, que nos hace preguntarnos: ¿será posible que no se den cuenta de lo contradictoria que resulta la información que los ciudadanos tenemos que digerir a diario?
En la tierra purpúrea que recorrió el joven Richard Lamb de la novela de Hudson, corría la sangre de los blancos y de los colorados, pero las pasiones que dividían esa tierra a la vez violenta e idílica, no bastaban para opacar la belleza que en ella encontraba un extranjero romántico y benevolente.
Cuando nos gane la desilusión, tratemos de ver por un momento a nuestro país con los ojos de este personaje. Miremos lo que nos rodea con los ojos de un extranjero idealista e indulgente, alguien voluntariamente ciego a las incongruencias de nuestros gobernantes, y puede ser que superemos el desencanto y volvamos a recuperar esa tierra purpúrea que sedujo al protagonista de la novela de Hudson y a mis dos acompañantes.

jueves, 2 de junio de 2011

Depende del cristal con que se mire

Dónde algunos ven inmensas dunas y paradisíacas playas desiertas, otros no ven más que tierra improductiva que sólo sirve para “lagartear” y es candidata a ser privatizada y vendida en lotes al mejor postor.

Mientras unos promueven “Uruguay Natural”, otros parecen no darse cuenta de cuáles son las cosas que nos hacen merecedores de ese nombre.

Dónde algunos ven encantadores barrios residenciales de nobles casas emplazadas en amplios jardines, otro no ven más que terrenos aptos para construir enormes moles de cemento de estética dudosa.

Dónde algunos quieren promover calidad, otros sólo se preocupan por la cantidad.

Mientras unos hablan de redistribución y la necesidad de aumentar los impuestos, otros tratan de crear nuevas fuentes de trabajo.

Mientras unos prefieren seguir insistiendo con el pasado, otros se preocupan por tratar de construir el futuro.

Dónde algunos buscan crear nuevos cargos públicos, otros favorecen la austeridad y la eficiencia.

Mientras unos promueven el crecimiento indiscriminado y oportunista, disfrazándolo de progreso, otros luchan por promover un desarrollo sustentable y ordenado.

En un Uruguay dividido en más de una forma, parece que ponernos de acuerdo es prácticamente imposible. Las distintas visiones que existen del país, en muchos casos diametralmente opuestas, conviven y chocan, anulándose entre sí, borrando con el codo lo que escribimos con la mano.
Existe la posibilidad de que este discurso bipolar sea una estrategia deliberada para distraer la atención de otros asuntos más graves y urgentes, y no el producto de una crisis de identidad, lo que sería todavía más preocupante.

Nos vendemos como un país natural, pacífico, confiable y relativamente seguro. Como si de un juego de mesa se tratara, avanzamos tres casilleros en esa dirección y de golpe retrocedemos cuatro, dejando a gran cantidad de la población en un estado de perplejidad y descreimiento. Lo que definitivamente no podemos decir es que somos es un país coherente, ya que parece que no conseguimos ponernos de acuerdo en cuál es la imagen que queremos proyectar.

“Uruguay ofrece inagotables paisajes naturales y un sinfín de maravillas históricas a pocos kilómetros de distancia que lo hacen un destino natural por excelencia. Playas desiertas o colmadas de glamour, praderas naturales o extensos bañados, avistamiento de aves o de ballenas, aguas termales o centros históricos patrimonio de la humanidad, son sólo algunas de todas las opciones que Uruguay le ofrece al visitante. La conservación y cuidado del medio ambiente, posicionan a Uruguay dentro de los países con mejores indicadores de sustentabilidad, reconocido por múltiples organismos internacionales.” Esto es un extracto de la página web del Ministerio de Turismo. En ella se habla de la sustentabilidad, y del cuidado del medio ambiente entre otras cosas.

En aras de la coherencia, tratemos de ponernos de acuerdo acerca de qué tipo de país queremos, porque mientras algunos buscan promover una nación de inagotables paisajes naturales y un sinfín de maravillas históricas, otros boicotean lo que su propio ministerio promociona.